Por: Jacqueline Menchaca/blog/newsletter
¿Dónde está el límite entre un abordaje justificado y el sobretratamiento? Para tenerlo claro, la decisión debe sustentarse en criterios clínicos sólidos y en la mejor evidencia disponible. En la práctica odontológica contemporánea, la toma de decisiones terapéuticas no solo implica determinar el tratamiento más adecuado, sino también establecer la necesidad real de intervenir.
¿Qué es el sobretratamiento en odontología?
Se define como la realización de procedimientos clínicos más invasivos, extensos o innecesarios en relación con las condiciones reales del paciente. Entre los ejemplos más frecuentes se incluyen la indicación de tratamientos endodónticos en casos de pulpa potencialmente reversible o sin criterios clínicos claros; la colocación de coronas completas cuando existiesen alternativas conservadoras como restauraciones directas; o la extracción de órganos dentarios sin necesidad y con posibilidad de mantenimiento.
¿A qué se debe este tipo de práctica? Se asocia a diversos factores, y no siempre se debe a una mala práctica; hablamos de diagnósticos imprecisos, limitada actualización profesional, presión económica o expectativas del paciente, así como a un enfoque clínico predominantemente intervencionista.
Asimismo, la comunicación ineficiente entre odontólogo y paciente, cuando no se le explican las diferentes opciones terapéuticas ante su problema, se puede terminar en procedimientos invasivos innecesarios.
La odontología conservadora
La odontología conservadora, por su parte, se fundamenta en la preservación máxima de la estructura dental y la vitalidad pulpar, priorizando intervenciones mínimamente invasivas. Este enfoque se sustenta en principios como el diagnóstico preciso, la selección adecuada de materiales y técnicas adhesivas, y la valoración del seguimiento clínico antes de tomar decisiones irreversibles.
La odontología conservadora no es simplemente una técnica, sino una filosofía de tratamiento centrada en la preservación máxima de la estructura dental. Este enfoque se alinea con el concepto de mínima intervención, y da prioridad a la detección temprana de lesiones y el manejo preventivo.
Hoy sabemos que la caries dental es un proceso dinámico y multifactorial, lo que permite intervenir de forma no invasiva en sus etapas iniciales. Estrategias como la remineralización, el uso de selladores y la eliminación selectiva de tejido cariado han demostrado mejorar el pronóstico a largo plazo.
Además, la adhesión dental y los biomateriales actuales permiten restauraciones más pequeñas, funcionales y estéticas, reduciendo la necesidad de preparaciones extensas.
Implicaciones clínicas
La elección de tratamientos más invasivos conlleva consecuencias relevantes, entre ellas la disminución de la resistencia estructural del diente, el incremento del riesgo de complicaciones a mediano y largo plazo, y la posibilidad de iniciar ciclos restauradores repetitivos.
Por el contrario, un abordaje conservador contribuye a la longevidad del órgano dentario, optimiza el pronóstico biológico y reduce la necesidad de retratamientos. La práctica odontológica basada en la evidencia exige un equilibrio entre intervención y conservación.
No se trata de minimizar el tratamiento de manera indiscriminada, sino de indicar procedimientos únicamente cuando estén plenamente justificados. Es ahí, donde, como se mencionó, entran los conocimientos, las actualizaciones de la información, la misma práctica y, es importante mencionarlo, la ética.
Como vemos, la competencia clínica no solo radica en saber cómo tratar, sino también en reconocer cuándo la NO intervención constituye la mejor decisión.
Fuentes:
Schwendicke F et al. Manejo moderno de lesiones de caries. Avances en Invest. Dental. 2016
Opdam NJM et al. Longevidad de restauraciones posteriores. J Dent Rest. 2014
Lindo I (s.f.). Sobretratamiento a los pacientes. Procedimientos innecesarios en odontología.

