Breve historia de la anestesia dental: cuando el dolor dejó ser parte del tratamiento

Por: Jacqueline Menchaca/blog/newsletter

Imagina tener que extraer una muela hace apenas 200 años. No existían anestésicos, los pacientes eran sujetados por varias personas y el éxito del procedimiento dependía, en gran medida, de la rapidez del operador. Durante siglos, el dolor fue considerado un componente inevitable de la atención odontológica.

Hoy, una infiltración anestésica dura apenas unos minutos y permite realizar desde una restauración hasta una cirugía compleja prácticamente sin molestias. Pero llegar a ese punto requirió décadas de observación, experimentación e incluso algunos fracasos.

Cuando el dolor era parte del tratamiento

Las primeras civilizaciones ya buscaban formas de aliviar el sufrimiento durante los procedimientos médicos y dentales. Los egipcios, griegos y romanos empleaban mezclas de plantas como mandrágora, beleño, opio y cannabis, además de bebidas alcohólicas para disminuir la percepción del dolor. Sin embargo, sus efectos eran limitados e impredecibles.

Durante siglos, las extracciones dentales continuaron realizándose sin un método realmente eficaz para controlar el dolor.

El gas de la risa

En 1772, el químico inglés Joseph Priestley logró sintetizar por primera vez el óxido nitroso (N₂O). Años después, el científico británico Humphry Davy estudió sus efectos y observó que producía euforia y disminuía la sensibilidad al dolor.

En 1800 escribió una frase que resultaría profética:

«El óxido nitroso parece capaz de destruir el dolor físico y probablemente pueda emplearse durante operaciones quirúrgicas.»

Su observación pasó prácticamente desapercibida durante más de cuatro décadas.

El primer paciente fue el propio dentista

La verdadera revolución ocurrió en 1844 gracias al dentista estadounidense Horace Wells.

Una noche asistió a un espectáculo en el que las personas inhalaban óxido nitroso por diversión. Durante la demostración observó que uno de los participantes sufrió una lesión importante en la pierna, pero aseguró no haber sentido dolor.

Wells comprendió inmediatamente el potencial médico del gas.

Al día siguiente tomó una decisión que hoy parecería impensable: él mismo inhaló óxido nitroso mientras otro dentista le extraía una muela. El procedimiento fue prácticamente indoloro.

Convencido de su descubrimiento, comenzó a utilizar el gas con sus pacientes, convirtiéndose en el primer dentista en emplear anestesia inhalada de manera sistemática.

Un fracaso que casi borra la historia

En 1845, Wells intentó demostrar públicamente su técnica ante médicos y estudiantes en Boston. Durante el procedimiento, el paciente emitió un grito. Los asistentes concluyeron que la anestesia había fracasado y calificaron el método como un engaño.

Lo curioso es que el propio paciente declaró después que apenas había sentido dolor. Probablemente la dosis administrada fue insuficiente y el grito obedeció más al reflejo del procedimiento que a una verdadera experiencia dolorosa. A pesar de ello, la comunidad médica rechazó inicialmente la técnica.

Otro dentista continuó el camino en el descubrimiento

Dos años después, otro dentista estadounidense, William T. G. Morton, realizó una demostración pública utilizando éter como anestésico general en el Hospital General de Massachusetts.

Esta vez el procedimiento fue un éxito rotundo y marcó el nacimiento oficial de la anestesia moderna. Desde entonces, la cirugía y la odontología cambiaron para siempre.

La evolución

El siguiente gran paso consistió en anestesiar únicamente la zona a tratar. En 1884 comenzó a utilizarse la cocaína como anestésico local. Aunque era muy eficaz, sus importantes efectos adversos impulsaron la búsqueda de alternativas más seguras.

En 1905 apareció la procaína (Novocaína) y, décadas después, la lidocaína, considerada uno de los mayores avances de la anestesia local.

Pioneros de la anestesia moderna

Cuando se habla de los grandes avances médicos, pocas personas saben que dos dentistas fueron protagonistas del nacimiento de la anestesia moderna.

Tanto Horace Wells como William Morton dedicaban su práctica a la atención odontológica. Sus investigaciones no solo transformaron la experiencia de millones de pacientes en el consultorio dental, sino que también hicieron posible el desarrollo de la cirugía moderna.

Es así que, cuando un paciente recibe anestesia local para una restauración, una endodoncia o la colocación de un implante, está utilizando el resultado de una innovación que comenzó hace más de 180 años gracias a la observación y perseverancia de un dentista.

Fuentes:

Ring ME. Dentistry: An Illustrated History. 2nd ed. St. Louis: Mosby; 1992.

Malamed SF. Handbook of Local Anesthesia. 7th ed. St. Louis: Elsevier; 2020.

 Stanley TH. The history and development of the anesthetic uses of nitrous oxide. Anesth Prog. 1982;29(6):187-92.s:

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