Por: Jacqueline Menchaca/blog/newsletter
En la mayoría de las profesiones o actividades ha existido siempre la competencia. Esta funciona en muchas ocasiones como un motor que impulsa a ser mejores a través de la optimización de procesos, servicios, etc.
La odontología no es la excepción. Tener pacientes, compartirlos cuando se requiere la intervención de un especialista, obtener reconocimientos, logros a nivel profesional y académico, puede generar admiración y ser un impulso para mejorar.
Pero ¿qué pasa cuando eso no sucede y en su lugar se opta por desacreditar el trabajo de un colega?
En inglés existe un término llamado Bad-mouthing, que en términos generale significa hablar mal de otra persona: señalar supuestos errores o cuestionar su trabajo y, lo más delicado, hacerlo frente al propio paciente cuando este ya fue previamente con otro odontólogo.
A veces puede existir una razón clínica legítima para advertir sobre un tratamiento previo; otras, la crítica puede estar atravesada por intereses personales, comerciales o por una rivalidad que poco tiene que ver con la salud del paciente.
En un artículo publicado en el año 2024 en la Revista de Odontología Sudafricana1, el P. Govan, su autor, aborda el tema de una manera clara.
Comenta que, en ocasiones, un odontólogo puede cuestionar o descalificar frente al paciente el tratamiento realizado por otro colega. Aunque la opinión puede darse con la intención de orientar al paciente, criticar un tratamiento sin conocer las circunstancias en las que fue realizado puede conducir a juicios injustos y poco objetivos.
Estas conductas pueden tener distintos motivos: desde una genuina preocupación clínica hasta el interés por conservar al paciente, realizar nuevos procedimientos, la competencia profesional, los prejuicios personales, los celos, la rivalidad o incluso intereses económicos.
Para el profesional cuyo trabajo es cuestionado, este tipo de comentarios puede resultar innecesario, poco ético e incluso perjudicial para su reputación, por lo que hay que tener cuidado al emitirlos.
Cuando el paciente pregunta o se queja de tratamientos anteriores
Es tan común. Si un paciente acude a un consultorio con alguna molestia dental y ya cuenta con un tratamiento previo, en la mayoría de los casos ha decidido cambiar de dentista porque no quedó satisfecho. Es probable, entonces, que pida la opinión del nuevo profesional.
Al respecto, el autor señala que los odontólogos deben ser prudentes al valorar un tratamiento previo a partir de lo que les cuenta el paciente, ya que este puede desconocer las circunstancias reales en las que se realizó o incluso ofrecer una versión incompleta de lo sucedido. Por ello, recomienda evitar juicios sobre el trabajo de otro profesional sin conocer todos los hechos.
A veces, señala, las razones de queja del paciente sobre el odontólogo anterior nada tienen que ver con su trabajo sino con desacuerdos: algún roce personal por cuestiones financieras, no asistió a citas y luego exigió una atención inmediata que le fue negada por no tener espacio para él en el momento en que le urgía, o incluso un comportamiento abusivo por parte del mismo paciente, etc.
Por otra parte, si se detecta alguna irregularidad, esta debe comunicarse de manera objetiva y profesional, sin atribuir culpas ni poner en duda la integridad del colega. Las críticas que van más allá de la valoración clínica y se convierten en descalificaciones personales pueden ser poco éticas, especialmente cuando están motivadas por rivalidad o animosidad.
Destaca que mantener relaciones respetuosas con otros profesionales favorece tanto la confianza del paciente como la calidad de la atención.
Pensar en el paciente:
Cuando un odontólogo, después revisar al paciente, considera que este no recibió el tratamiento adecuado y que pudo poner en riesgo la funcionalidad, salud o estética del paciente, debe comunicárselo a quien lo realizó, pero de manera apropiada. Esto, señala P. Govan, puede implicar hablar directamente con él, intervenir para resolver el problema cuando sea posible o incluso asesorarse para saber cómo actuar.
Es muy importante abordar oportunamente una situación, sobre todo para reconocer si hay un problema y resolverlo, evitando que se agrave. Cuando existen diferencias profesionales respecto al tratamiento de un paciente, estas deben comentarse, intercambiar opiniones, ideas por canales adecuados.
Se trata principalmente de proteger al paciente, garantizar la calidad de su atención, además de preservar la confianza en la profesión y mantener una relación respetuosa entre odontólogos generales y especialistas.
Ni más ni menos
Expresar lo más claramente posible cuando el paciente solicita nuestra opinión sobre un tratamiento anterior que ha fracasado, sin desacreditar a quien lo realizó y basándonos en la evidencia, es la mejor forma de demostrar ética profesional.
“Describe el trabajo de un colega como te gustaría que otros hablaran del tuyo”, es decir, con la mayor objetividad posible”.
La competencia puede impulsarnos a crecer, pero la descalificación solo debilita aquello que todos compartimos.
1Govan P. Bad-mouthing – Professional reputation of colleagues. S. Afr. dent. j. [Internet]. 2024 Sep [citado 2026 Sep 10] ; 79( 8 ): 448-449. Disponible en: http://www.scielo.org.za/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0011-85162024000800010&lng=es.

