Pérdida dental y sarcopenia: ¿existe relación?

Por. Jacqueline Menchaca/blog/newsletter

El envejecimiento de la población representa uno de los mayores desafíos para los sistemas de salud en todo el mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) promueve el concepto de envejecimiento saludable, entendido como el proceso de desarrollar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar durante la vejez. En este contexto, la salud bucodental ha dejado de considerarse un aspecto aislado para reconocerse como un componente esencial de la nutrición, la comunicación, la interacción social y la calidad de vida.

Entre los síndromes geriátricos que más preocupan actualmente se encuentra la sarcopenia, una enfermedad caracterizada por la pérdida progresiva de masa, fuerza y función muscular. Aunque suele asociarse con la edad, diversos estudios han demostrado que factores como la mala alimentación, la inflamación crónica y la disminución de la función masticatoria pueden favorecer su aparición o acelerar su progresión.

¿Qué es la sarcopenia?

La sarcopenia es un trastorno musculoesquelético reconocido oficialmente por la Organización Mundial de la Salud mediante su inclusión en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10-MC). Se caracteriza por una disminución progresiva de la fuerza muscular, seguida de una reducción de la masa y del rendimiento físico.

Los riesgos de quienes padecen sarcopenia van desde caídas frecuentes hasta fracturas que pueden llevar a hospitalizaciones, disminución de la movilidad, dependencia y deterioros en su calidad de vida.

La importancia de la salud oral

La masticación constituye el primer paso del proceso digestivo. Cuando una persona pierde dientes o utiliza prótesis inestables, suele modificar sus hábitos alimentarios de manera inconsciente.

Con frecuencia disminuye el consumo de alimentos que requieren mayor esfuerzo masticatorio, como carnes, frutas frescas, verduras y frutos secos, y opta por alimentos blandos, generalmente más ricos en carbohidratos y pobres en proteínas y micronutrientes.

Debido a ello, puede provocarse una pobre aportación de proteínas, vitamina D, calcio y otros nutrientes, que son indispensables para conservar la masa muscular.

En el adulto mayor, la pérdida dental puede disminuir la capacidad de masticar alimentos ricos en proteínas (como carne, pollo, frutos secos o algunas verduras), lo que favorece una ingesta deficiente de nutrientes y aumenta el riesgo de sarcopenia.

En personas más jóvenes, la pérdida dental por sí sola generalmente no causa sarcopenia, porque suelen tener mayor capacidad para compensar su alimentación. Sin embargo, si se combina con enfermedades crónicas, desnutrición o un estado de fragilidad, puede contribuir al problema.

La afectación entre poca salud oral y sarcopenia es bilateral, y forman desafortunadamente un círculo vicioso que puede acelerar el deterioro del adulto mayor si no se actúa a tiempo. ¿Cómo se da tal bilateralidad? Por un lado, la pérdida de dientes y la reducción de la eficiencia masticatoria favorecen la desnutrición y la pérdida muscular.

Por otro, la sarcopenia también puede afectar los músculos involucrados en la masticación y la deglución, dificultando aún más la alimentación y aumentando el riesgo de desnutrición.

Papel del odontólogo hoy

Tradicionalmente, el tratamiento odontológico del adulto mayor se ha centrado en rehabilitar la función y la estética. Sin embargo, hoy el odontólogo desempeña un papel mucho más amplio.

Mantener la dentición natural, rehabilitar oportunamente los espacios edéntulos, asegurar una adecuada función masticatoria y trabajar conjuntamente con médicos, geriatras y nutriólogos puede contribuir a preservar la capacidad funcional del paciente y favorecer un envejecimiento saludable.

La odontología ya no solo ayuda a conservar dientes; también puede influir en la nutrición, la movilidad y la independencia de las personas mayores.

Hatta K, et al. Estudios recientes sobre número de dientes, fuerza de mordida y riesgo de sarcopenia en adultos mayores.

 Iwasaki M, et al. Investigaciones sobre función masticatoria, nutrición y fragilidad.

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